¿De dónde viene el brindis?

En LOTIFY somos mucho de celebraciones con brindis. Cava, vino, cerveza… incluso zumo. Nos sumamos a todo lo que siempre empieza con un ‘chinchín’ y nunca acaba con ‘la última y nos vamos’, y gritamos al son de ‘salud, dinero y mucho ánimo para los propósitos de enero’. Al final, la verdad es esa: aunque Navidad sea la que más nos gusta, cualquier excusa es buena para brindar. 

Pero, ¿por qué brindamos en realidad?

Hemos activado el modo curioso y nos hemos emborrachado en las mejores fuentes para contarte el porqué del brindis. Eso sí, ya te adelantamos que el origen de este ritual no está claro como el agua, sino que tiene muchos matices como el buen vino. Y oye, tiene sentido. 

Por si la copa estaba envenenada

Igual que el roce hace el cariño, el brindis hacía la confianza en la antigua Roma. Se ve que envenenar las copas de los enemigos era tan habitual como bloquear a tu ex de Instagram. Así que los anfitriones, que no tenían un pelo de tontos, entrechocaban las copas con las de sus asistentes efusivamente para derramar un poco de líquido de una copa a otra.

Este brindis desconfiado era la forma de asegurar que ninguna copa estaba envenenada, bebérsela a gusto sabiendo que no iba a ser la última, y de paso, cerrar tratos comerciales y militares en los grandes banquetes. Nada que ver con las buenas intenciones y la delicadeza con la que hoy en día brindamos, claro.

El placer de beber con los oídos

Nuestra teoría preferida, sin embargo, es la de los hedonistas. Los antiguos romanos y griegos estaban convencidos de que el placer del vino era tal que todos los sentidos se merecían disfrutar de él. Como al beber el que se queda un poco colgado es el oído, el ruido del brindis al chocar las copas les pareció la forma perfecta para involucrar a los cinco sentidos. Si lo piensas, es la guinda ideal para que beber vino (o lo que gustes) sea toda una experiencia sensorial y de disfrute.

Y más allá de los sentidos, hay historias que hablan de espíritus. Siendo sinceros, en vez de ponernos los pelos de punta, nos dejan bastante tranquilos. Si brindar ahuyenta las malas energías, nosotros estamos curados de espanto. Con lo que nos gusta un brindis.

De bring dir’s a brindis

Si hay un momento histórico reconocido por celebrar con un brindis ese se remonta a 1527. Tras saquear Roma y provocar la huida del Papa Clemente VII, las tropas alemanas alzaron sus copas de vino para festejar la victoria al grito del tan conocido bring dir’s (yo te lo ofrezco). No acaba de quedarnos claro si le ofrecieron la ciudad a su emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico o fue una ofrenda a Dios -elevar las copas hacia el cielo también era una forma de honrar y respetar a los dioses antiguamente. La cuestión es que, con mucho boca a boca, ese bring dir’s alemán se quedó en brindis.

Probablemente ahora te estás preguntando el porqué del let’s make a toast en inglés a la hora de brindar. Bien, pues agárrate que vienen curvas. Parece ser que en Inglaterra era muy común añadir trozos de pan tostado (y a veces incluso especiado) al vino, que en verano solía venir un tanto avinagrado a causa del viajecito desde tierra continental al archipiélago. Esas migajas quedaban en el fondo y condimentaban la bebida, a la vez que absorbían los sedimentos amargos o ácidos. Como si fuera un gazpacho, vaya.

¿Da mala suerte brindar con agua?

Cuántas veces te ha pasado que vas a unirte a un brindis con tu vasito de agua y de repente te dicen eso de ‘cuidado, que da mala suerte’. A nosotros lo del agua nunca, la verdad, pero sí es verdad que se lo hemos dicho a algún que otro amigo varias veces. Y eso que no somos nada supersticiosos: nos encantan los gatos negros, pasamos siempre por debajo de las obras y hasta abrimos el paraguas en casa.

Es curioso entonces que el origen del brindis moderno no fuera con vino, sino con agua. La prueba es un artículo de 1709 en la revista Tatler. El escritor y político irlandés Richard Steele describió una escena que (imaginaria o no) celebraba el amor a primera copa. Al descubrir a una hermosa joven bañándose en un lago, un hombre que estaba de paseo quedó tan (llamémoslo) inspirado por lo que veían sus ojos que decidió llenar una copa de esas aguas y bebérsela como acto de agradecimiento. Por supuesto, entendemos que esto nos parezca tan creepy que no queramos volver a brindar con agua nunca jamás.

Si seguimos buscando el baúl de los recuerdos, encontramos el clásico mito de que brindar con agua (una bebida que se obtiene sin esfuerzo ni dedicación, al contrario que el vino) despertaba la ira de los dioses. Y aún hay más: en la mitología griega, se brindaba con agua para honrar a los muertos, quienes en su viaje por el inframundo, tendrían que beber del río Lete para olvidar su vida pasada y corpórea.

Una movida que parece haber marcado la cultura del brindis y ser la razón por la que, a día de hoy, esté tan extendido eso de que brindar con agua da mala suerte. Al nivel de que incluso las personas que normalmente no beben, cuando llega el momento de brindar piden que se le eche algo de cava, champán o vino en la copa ni que sea para mojarse los labios y no atraer la mala suerte.

El brindis: una excusa para celebrar el buen vino

Tenemos dudas, pero también muchas pruebas: la tradición del brindis llegó para quedarse y hacernos disfrutar aún más de los buenos momentos. Por mucho que su origen no esté claro, en el fondo siempre ha habido una intención de unión, felicidad y celebración. Tanto los emperadores romanos con sus rifirrafes, los ingleses con su pan tostado y hasta las tropas de Carlos I con su victoria, tienen algo en común con nosotros y es que les encanta disfrutar del buen vino en equipo. Y para buenos vinos, los que tenemos en nuestro catálogo.

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